Manual de estilo del Canal 22 de México (2007, primera edición)

7 10 2010

El Canal 22 es una emisora televisiva del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes del Gobierno de México, dependiente de la Secretaría de Educación Pública.

Desde 1993, está abocado a la difusión de las principales manifestaciones del arte y la cultura que, a su vez, permitan el desarrollo de un nuevo lenguaje audiovisual en la producción televisiva mexicana.

Programación de Canal 22, “la cultura también te ve”

El presente manual fue impreso en el 2007. Se propone “unificar los criterios de estilo y lenguaje del canal a partir de un resumen de sus principios y lineamientos editoriales”. Pretenderá contribuir con “el enriquecimiento y la elevación de la calidad de los contenidos en beneficio de la audiencia”.

Incluye estándares nacionales e internacionales de la edición textual, así como diversas normas del uso de la lengua española. En un anexo agrega una reproducción del Acuerdo de voluntad de adhesión a la declaración emitida por la Academia Mexicana de la Lengua, varios criterios editoriales con respecto al manejo de la información y un detalle de los documentos de comunicación institucional más importantes.

Sus fuentes principales: el Diccionario de la lengua española y el Diccionario panhispánico de dudas, ambos de la Real Academia Española; el libro de estilo del diario El País y el Manual del español urgente de la agencia EFE.

Recomendamos su lectura, en línea en http://www.canal22.org.mx/manual_estilo.pdf

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“Los primeros pasos de la TV educativa”, revista EL MONITOR DE LA EDUCACIÓN

6 07 2010

La revista EL MONITOR DE LA EDUCACIÓN es una publicación gratuita distribuida por el Ministerio de Educación de la Nación.

El artículo “Los primeros pasos de la TV educativa” reflexiona acerca de qué se trata el concepto televisión educativa y de cómo se fue dando su evolución en la historia de la pantalla chica argentina.

A continuación, transcribimos los fragmentos que consideramos más relevantes:

“Cuando la British Broadcasting Corporation (BBC) sintetizó que la prensa debía dedicarse a “informar, entretener y educar”, una profusa rama de la literatura especializada convalidó que esas eran tres asignaciones que podrían o deberían encomendársele a la televisión. Sin embargo, el nivel de consenso que aún existe sobre ese punto es inversamente proporcional a las discrepancias que sobrevienen entre académicos, funcionarios, productores, auspiciantes, críticos o espectadores en el momento de definir aquellos tres ítems…”

“… Cabrero Almenara (1994), investigador de la Universidad de Sevilla, compiló en tres categorías los diferentes productos audiovisuales que podrían tener alguna intención pedagógica. En primer lugar, menciona la denominada “televisión cultural”, que fija sus objetivos prioritarios en la divulgación y el entretenimiento; aquí, el planteamiento educativo se encuentra inmerso dentro del programa, no se requieren materiales complementarios y, en lo que se refiere a su diseño, mantiene el de la televisión comercial, por lo que sus formatos periodísticos más clásicos son la noticia, la entrevista y los informes especiales.

En segundo término, la categoría genérica de “televisión educativa”, en opinión de este autor, contempla algún tipo de interés formativo que por alguna razón no forma parte del sistema escolar formal y, por lo tanto, sus principales intereses son influir en el conocimiento, las actitudes y los valores del espectador.

Finalmente, enumera lo que él llama “televisión escolar”, que persigue la función básica de emular el sistema formal, al marcarse metas similares a las del sistema educativo general, desde niveles de primaria hasta cursos de actualización universitarios; de aquí surge que sus principios de producción provengan de la didáctica y las teorías de aprendizaje…”

“… pocas dudas parecen existir en que algo debe reconocérseles a los pioneros de la televisión educativa nacional: en lo que fue una lección que aún parecen recordar sus seguidores contemporáneos, nunca le temieron a la experimentación”.

Los primeros pasos de la TV educativa. Leer artículo completo (descargar archivo PDF de 4 páginas)

Ver publicación completa: N° 24, 5° época, Marzo 2010 (acceda a archivo PDF en línea de 64 páginas)





Adaptándose a los nuevos tiempos. Cinco dudas sobre la televisión cultural (artículo de Néstor García Canclini, Revista TELOS)

28 06 2010

(*) Néstor García Canclini es filósofo y antropólogo.Desde 1980 es profesor-investigador en el Departamento de Antropología de la Universidad Autónoma Metropolitana de México (Iztapalapa), donde dirige el programa de Estudios sobre Cultura Urbana.

Durante el bienio 2001-2002 ha coordinado el proyecto de la OEI “Pensar Iberoamérica: las culturas Iberoamericanas en el siglo XXI”.

El texto publicado en el N° 77 de la Revista Telos (octubre-diciembre de 2008) reflexiona acerca de las principales cuestiones suscitadas por la televisión cultural: su definición y atractivo, su naturaleza democrática y la diversidad de sus contenidos. Finalmente, se plantea cómo hacer una televisión cultural en esta época de convergencia digital.

Sus fragmentos más significativos:

  • “En una visión antropológica, la cultura no es un conjunto distinguido de bienes, como las obras de arte o los libros, sino la dimensión que da significado a todas las prácticas sociales”.
  • “Todas las industrias son susceptibles de ser analizadas en su aspecto cultural si, además del objeto y el proceso material de su fabricación, consideramos los significados que lo acompañan (…)”
  • “Si aplicamos este argumento a la televisión, admitiremos no sólo que todos los canales –no importa de qué se ocupen– son culturales, sino también que aún los mensajes que parecen prescindibles o accesorios, como la publicidad comercial, son cultura“.
  • La televisión llamada cultural intenta preservar una escena más autónoma, no tanto frente a presiones religiosas o políticas, sino más bien tomando distancia de los condicionamientos comerciales.
  • La importancia de los factores económicos y de la producción colectiva, incluso en las denominadas televisiones culturales, las aproxima a las comerciales o masivas. No sólo las asemeja el carácter cultural de unas y otras, sino también sus condiciones materiales y sociales de producción. Todos los canales son culturales y todos necesitan un soporte económico, tecnológico y una estructura productiva propia
  • Las encuestas de rating acostumbran relacionar las cifras mayoritarias con entretenimiento, placer y “lo que a la gente le gusta”, considerando el gusto como un hecho natural. La consagración de lo dado en la sociedad como natural, como resultado de elecciones libres no condicionadas, se vuelve argumento de calidad. Más aún, de ejemplo democrático: si la mayoría prefiere las telenovelas, las series, los reality shows, ¿por qué no respetar sus opciones? Esta sacralización de lo existente opone para siempre la televisión comercial con rating masivo, que da a la gente lo que le gusta –entretenimiento–, frente a las televisiones culturales que ofrecen programas sesudos, de crítica y aburridos. ¿Cómo superar esta disyuntiva? No hay forma de hacerlo si la encaramos desde un puritanismo aristocrático e intelectual, o sea suponiendo que los canales culturales serán superiores en la medida en que se desinteresen por el dinero, el volumen de rating, y dando por descontado que la crítica y la calidad estética ligada al nivel intelectual deben distinguir a una televisión que merezca el nombre de cultural.
  • Al sufrir menos las coacciones mercantiles como compulsión al éxito inmediato, al no estar obligada a usar formatos con éxito probado, la televisión pública puede experimentar con la potencialidad expresiva del medio. No se trata, dice Jesús Martín Barbero, de crear franjas de programación con contenido cultural o político, sino de «darse la cultura como proyecto que atraviesa cualquiera de los contenidos y los géneros». No se trataría de asegurar la calidad transmitiendo la cultura ya distinguida, sino con «una concepción multidimensional de la competitividad: profesionalidad, innovación y relevancia social de su producción» (Martín Barbero, 2001, pp. 15-16).
  • Exigir una legislación de medios y telecomunicaciones que coloque en el lugar protagónico los intereses públicos y la participación de los ciudadanos y trabajar con los legisladores de todos los partidos para que otorguen más frecuencias a la radiotelevisión pública, gracias a la convergencia digital, y se amplíen los fondos necesarios. Nuestra tarea como comunicadores, investigadores, creadores culturales y audiencias es imaginar un espectro de televisiones en las que la cultura, el debate político razonado y la comunicación plural con el mundo conviertan la televisión, en esta época de “post-televisión”, como algo más que un paquete de entretenimientos digitalizados que simulan el conocimiento, la felicidad y la participación.
  • Una televisión democrática no se hace sin consumidores que pidan y expresen sus demandas como ciudadanos. La figura del defensor del televidente es útil para que los receptores defiendan sus derechos e interpelen a las empresas, a los locutores, a quienes nos entretienen e informan. Pero esta interacción desde los ciudadanos será limitada si sólo ocurre en canales culturales o públicos y no en los comerciales y, aun cuando logremos que exista defensa del televidente en estos últimos, será ocasional si la mayoría de los receptores ejerce su libertad sólo a través del zapping y el pay per view. No tengo tiempo aquí más que para señalar un desequilibrio latinoamericano en este asunto. Somos una de las regiones con mayor avance en los estudios de recepción televisiva que han mostrado sofisticadamente que toda recepción es producción e interacción (Orozco, 2002). Pero casi no existen defensores del televidente, ni organizaciones autogestivas de receptores para sostener sus derechos.

    Leer artículo completo en Revista TELOS, Cuadernos de Comunicación e Innovación








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