Calidad televisiva, encrucijada entre representación de la realidad y recepción de contenido

11 08 2010

RICHERI, GIUSEPPE y MARÍA CRISTINA LASAGNI, Televisión y calidad: el debate internacional-1° edición-Buenos Aires, La Crujía, Colección Inclusiones, 2006. (198 páginas)

“(…) ¿Qué se entiende por calidad televisiva? ¿Es un dato objetivo verificable por todos o varía según los puntos de vista de los sistemas de referencias o de los gustos y exigencias personales? (…)”, se preguntan Giuseppe Richieri y María Cristina Lasagni, y a partir de este interrogante enfocaron una investigación cualitativa en la que confluyeron perspectivas de telespectadores y de profesionales de Italia, Canadá, Japón, Inglaterra, Estados Unidos y Suecia (entre ellos, autores de programas, broadcasters – la BBC inglesa (British Broadcasting Corporation) y la NHK japonesa (Nippon Hōsō Kyōkai)– , responsables de programación, directores de canales, críticos y estudiosos de la programación televisiva). Según Richieri, “(…) se trató de analizar investigaciones y reflexiones para obtener criterios operativos e indicaciones metodológicas de valoración de la calidad (…)”. Los resultados de dicha investigación conforman la primera parte del libro.

Además, los dos primeros capítulos se centran en la diversidad como factor de calidad (diversidad de contenido, de lenguaje, de género, en los palimpsestos de público de referencia, etcétera y los métodos e índices principales para evaluarla) y en la calidad como relación entre contenido y realidad (o sea, la capacidad descriptiva de un programa).

La segunda parte del libro hace hincapié en los puntos de vista sobre calidad televisiva que existen en Italia: los criterios que determinan la calidad de un programa (ética en relación con el público, línea editorial, innovación, valores, eficacia y estética); la calidad de los géneros y el argumento en distintos formatos (variedades, información, ficción y entretenimiento); la calidad de las redes televisivas (calidad técnica, identidad, reconocimiento, relación entre canales públicos y comerciales y sus respectivos criterios de calidad); la calidad del sistema televisivo y los factores que lo determinan; la representación del género femenino y masculino , del sexo y de la violencia en la televisión.

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Adaptándose a los nuevos tiempos. Cinco dudas sobre la televisión cultural (artículo de Néstor García Canclini, Revista TELOS)

28 06 2010

(*) Néstor García Canclini es filósofo y antropólogo.Desde 1980 es profesor-investigador en el Departamento de Antropología de la Universidad Autónoma Metropolitana de México (Iztapalapa), donde dirige el programa de Estudios sobre Cultura Urbana.

Durante el bienio 2001-2002 ha coordinado el proyecto de la OEI “Pensar Iberoamérica: las culturas Iberoamericanas en el siglo XXI”.

El texto publicado en el N° 77 de la Revista Telos (octubre-diciembre de 2008) reflexiona acerca de las principales cuestiones suscitadas por la televisión cultural: su definición y atractivo, su naturaleza democrática y la diversidad de sus contenidos. Finalmente, se plantea cómo hacer una televisión cultural en esta época de convergencia digital.

Sus fragmentos más significativos:

  • “En una visión antropológica, la cultura no es un conjunto distinguido de bienes, como las obras de arte o los libros, sino la dimensión que da significado a todas las prácticas sociales”.
  • “Todas las industrias son susceptibles de ser analizadas en su aspecto cultural si, además del objeto y el proceso material de su fabricación, consideramos los significados que lo acompañan (…)”
  • “Si aplicamos este argumento a la televisión, admitiremos no sólo que todos los canales –no importa de qué se ocupen– son culturales, sino también que aún los mensajes que parecen prescindibles o accesorios, como la publicidad comercial, son cultura“.
  • La televisión llamada cultural intenta preservar una escena más autónoma, no tanto frente a presiones religiosas o políticas, sino más bien tomando distancia de los condicionamientos comerciales.
  • La importancia de los factores económicos y de la producción colectiva, incluso en las denominadas televisiones culturales, las aproxima a las comerciales o masivas. No sólo las asemeja el carácter cultural de unas y otras, sino también sus condiciones materiales y sociales de producción. Todos los canales son culturales y todos necesitan un soporte económico, tecnológico y una estructura productiva propia
  • Las encuestas de rating acostumbran relacionar las cifras mayoritarias con entretenimiento, placer y “lo que a la gente le gusta”, considerando el gusto como un hecho natural. La consagración de lo dado en la sociedad como natural, como resultado de elecciones libres no condicionadas, se vuelve argumento de calidad. Más aún, de ejemplo democrático: si la mayoría prefiere las telenovelas, las series, los reality shows, ¿por qué no respetar sus opciones? Esta sacralización de lo existente opone para siempre la televisión comercial con rating masivo, que da a la gente lo que le gusta –entretenimiento–, frente a las televisiones culturales que ofrecen programas sesudos, de crítica y aburridos. ¿Cómo superar esta disyuntiva? No hay forma de hacerlo si la encaramos desde un puritanismo aristocrático e intelectual, o sea suponiendo que los canales culturales serán superiores en la medida en que se desinteresen por el dinero, el volumen de rating, y dando por descontado que la crítica y la calidad estética ligada al nivel intelectual deben distinguir a una televisión que merezca el nombre de cultural.
  • Al sufrir menos las coacciones mercantiles como compulsión al éxito inmediato, al no estar obligada a usar formatos con éxito probado, la televisión pública puede experimentar con la potencialidad expresiva del medio. No se trata, dice Jesús Martín Barbero, de crear franjas de programación con contenido cultural o político, sino de «darse la cultura como proyecto que atraviesa cualquiera de los contenidos y los géneros». No se trataría de asegurar la calidad transmitiendo la cultura ya distinguida, sino con «una concepción multidimensional de la competitividad: profesionalidad, innovación y relevancia social de su producción» (Martín Barbero, 2001, pp. 15-16).
  • Exigir una legislación de medios y telecomunicaciones que coloque en el lugar protagónico los intereses públicos y la participación de los ciudadanos y trabajar con los legisladores de todos los partidos para que otorguen más frecuencias a la radiotelevisión pública, gracias a la convergencia digital, y se amplíen los fondos necesarios. Nuestra tarea como comunicadores, investigadores, creadores culturales y audiencias es imaginar un espectro de televisiones en las que la cultura, el debate político razonado y la comunicación plural con el mundo conviertan la televisión, en esta época de “post-televisión”, como algo más que un paquete de entretenimientos digitalizados que simulan el conocimiento, la felicidad y la participación.
  • Una televisión democrática no se hace sin consumidores que pidan y expresen sus demandas como ciudadanos. La figura del defensor del televidente es útil para que los receptores defiendan sus derechos e interpelen a las empresas, a los locutores, a quienes nos entretienen e informan. Pero esta interacción desde los ciudadanos será limitada si sólo ocurre en canales culturales o públicos y no en los comerciales y, aun cuando logremos que exista defensa del televidente en estos últimos, será ocasional si la mayoría de los receptores ejerce su libertad sólo a través del zapping y el pay per view. No tengo tiempo aquí más que para señalar un desequilibrio latinoamericano en este asunto. Somos una de las regiones con mayor avance en los estudios de recepción televisiva que han mostrado sofisticadamente que toda recepción es producción e interacción (Orozco, 2002). Pero casi no existen defensores del televidente, ni organizaciones autogestivas de receptores para sostener sus derechos.

    Leer artículo completo en Revista TELOS, Cuadernos de Comunicación e Innovación





    “¿Qué ves cuando me ves?”, investigación del Laboratorio de Industrias Culturales de la Secretaría de Cultura de la Nación

    30 04 2010

    La Secretaría de Cultura de la Nación creó el Laboratorio de Industrias Culturales (LIC) con el objetivo de realizar investigaciones que sirvan de insumo para el diseño e implementación de políticas públicas destinadas a fomentar y proteger aquellas actividades económico culturales que ven amenazadas sus posibilidades de sostenimiento y desarrollo.

    El LIC ha realizado una investigación propia entre fines del año 2009 y principios del 2010 sobre la Televisión Argentina. El trabajo se titula “¿Qué ves cuando me ves?” y se propone 3 objetivos:

    1) Construir un mapa de situación de la programación de la televisión abierta nacional en todas las provincias del país.

    2) Desarrollar un análisis cualitativo sobre los usos y percepciones de la TV.

    3) Realizar un repaso del marco legislativo vigente en materia de radiodifusión en nuestro país y describir el proceso de fuerte concentración en la propiedad de estos medios que se ha producido desde comienzos de los años ‘90.

    La publicación se divide en 4 capítulos: “La televisión como industria cultural”; “Efectos y defectos de la ley” (En referencia a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual); “La programación en su laberinto” y “Televisión y vida cotidiana”. Como anexo se presenta un apéndice estadístico con información nacional e internacional relativa a esta pujante industria cultural.

    Para acceder al documento completo, siga el link del sitio oficial del LIC y descargue archivo .PDF de 114 páginas.








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