Nacho Girón: El desafío de generar espacios de profundidad en el periodismo televisivo

9 07 2012

Para el columnista y cronista de La Cornisa (América TV), la función del periodismo es lograr reflejar lo más fielmente posible lo que sucede en la realidad. ¿Pero es posible hacerlo en televisión? Nacho Girón expone lisa y llanamente cómo “vencer” las limitaciones del medio con astucia, inteligencia y compromiso.

Por: Carolina Roncarolo

  • A la hora de producir un informe televisivo, ¿cómo lográs un equilibrio entre los criterios noticiables del medio, el frenetismo de la rutina del productor de TV y la responsabilidad social del periodista?

Creo que el equilibrio es muy difícil de lograr porque, desde que sale de la cabeza de alguien hasta que se produce, un informe transita muchas instancias: se graba, se corta, se edita y finalmente sale al aire. Pasa por muchas manos y por muchas personas que piensan diferente, y es interesante cómo se logra el producto final.

El periodista sabe en qué medio trabaja y qué criterios de noticiabilidad aplica. Sabe que a determinado canal le interesa más lo social, a otro lo político y, dentro de lo político, lo político partidario… Sobre esta base, uno va haciendo equilibrio y a veces también malabarismo, como para tratar de encontrar un punto común entre lo que uno quiere hacer, lo que pretende el medio de uno y lo que pretende un jefe directo de ese informe…No hay una regla escrita.

Creo que depende de cada caso y, al menos en lo que yo vivo, exige del que “pone la cara” y lleva adelante el informe un ejercicio interesante de “estar encima” del material, justamente para poder satisfacer a todas las partes y lograr que, a pesar de que pase por muchas opiniones y filtros diferentes, el producto final siga reflejando la realidad, que es lo más importante.

Hacemos informes y hacemos periodismo para tratar de reflejar lo más fielmente posible lo que sucede en la realidad. Esto implica un trabajo desgastante que vale la pena, porque, finalmente, permite poder ver en pantalla informes que sean profundos, lindos y que, en promedio, le gusten a todos los que “metieron mano” en alguna de sus instancias.

  • ¿Qué motiva a la gente a contar sus historias frente a la cámara?

Muchas veces no encuentro respuesta a esa pregunta. No obstante, sostengo que las motivaciones son muy personales. Siempre hay que tener en cuenta quién es el que te está contando la historia. Cuando una persona te confía algo muy íntimo con respecto a lo que está viviendo, o te cuenta un dolor, o incluso hace una denuncia y “pone la cara” como para levantar el dedo contra alguien, en muchos casos lo hace porque está cansada de la realidad que está viviendo en ese momento.

Por otra parte, opino que también hay algo de “imán” con respecto a los medios: la gente, en el fondo, quiere salir, quiere contar, quiere pasar por esa experiencia extraña que es salir en un medio de comunicación, y creo también que muchas veces lo hacen por no darse cuenta de toda la repercusión que pueden tener por salir en un medio.

Es un mix: a veces, realmente lo quieren hacer; otras veces es inexplicable. Y otras veces (tal vez con cierta inocencia) dicen “yo voy a contar esto, total es una nota”. Y, al otro día, cuando la gente los saluda en la calle, o viene un político y los reta o les soluciona la denuncia que ellos hicieron, ahí empiezan a tomar conciencia de lo importante que fue participar en una nota.

  • ¿Cómo construir y mantener el vínculo con la fuente a la hora de realizar una entrevista sobre temáticas difíciles?

En varias ocasiones, me parece que los periodistas corremos el riesgo de objetivizar a la gente: preguntarle como si tuviéramos enfrente una máquina que responde mientras nosotros esperamos que “nos tire el título”. Obviamente que es importante que la fuente “te tire el título” y el periodista lo tiene en la cabeza. Pero, en los temas sociales que manejo todo el tiempo, mi estrategia es ir y tratar al otro simplemente como un ser humano. No llegar y pretender imponerle mi personalidad, mis conceptos e incluso mis prejuicios sobre el lugar que estoy yendo a visitar. Escucharlos sinceramente.

Y el otro desafío es generar un buen vínculo en ese espacio que tenés durante la entrevista, que es lo más difícil porque disponés de un período muy corto de tiempo. Pero después no hay que olvidarse de esa gente: es importante seguir llamándola, atenderla cuando te llaman y te quieren hacer otro reclamo, o incluso cuando te pueden llegar a reclamar alguna cosa del mismo informe. Y me parece que siempre tenés que seguir poniendo la cara y escuchando a la gente. No tomarlos como entrevistados eventuales que te cruzás una vez en la vida y nada más. A veces esto pasa, pero también está bueno que te vuelvan a contactar y que se genere un “ida y vuelta”: vos como periodista podés contar con ellos y ellos saben que pueden contar con vos.

  • ¿Qué mensaje buscás comunicar cuando retratás con la cámara a personas en situación de calle y/o drogadicción?

Por más que sea y suene pretencioso, al hacer informes sociales uno intenta reflejar la realidad. Yo trato de acercarme a las distintas realidades sociales que me toca ver (muchas veces, lamentables) con cierta sorpresa. Trato de que la cámara refleje eso mismo que estoy viendo y eso mismo que me sorprende. Ni más ni menos. En el territorio no trato de bajar una línea ni imponer mi pensamiento: voy y arranco con las preguntas más simples que se te puedan pasar por la cabeza, para empezar a desmenuzar cómo es la realidad de cada entrevistado.

Arranco siempre por saber cuál es la situación de la persona: dónde vive, cómo está compuesta su familia, qué come, de qué trabaja, si tiene trabajo o no, si se puede saber cuánto gana, si le alcanza… Comienzo con un pantallazo general para saber a quién tengo adelante.

Después entran las preguntas más específicas que dependen de la realidad social que vas a encarar en ese determinado informe. Por ejemplo, si es el informe sobre personas que comen de la basura, hay que indagar mucho más específicamente en cómo es su nutrición, cuántas veces por día logran comer, qué pasa cuando no tienen comida, cómo tratan de alimentar a sus hijos, cómo es esto de depender de los desperdicios de otros para comer, y ver si ellos mismos encuentran una solución para esto.

  • Mencionás algo muy interesante que es la perspectiva de solución, o sea, buscar la forma en que los protagonistas de la historia pueden resolver sus problemas por sí mismos o al menos busquen una alternativa para empezar a resolverlos. ¿Qué observás al respecto y cómo lo reflejás en tus informes?

Sostengo que el periodismo, en general, y el periodismo televisivo, en particular, tiene una tendencia a mostrar el problema y no la solución. Uno termina mostrando lo que falla y ahí termina el informe, pero queda la duda. ¿Qué queremos decir con esto? ¿Que todo es una porquería y tengo que irme del país? No.

Es difícil poder incluir la parte de la solución en TV, porque hay tiempos, rating, aceleración… Entra un informe, sale otro, vas a la tanda, volvés, hay un invitado, hay otro informe… Muchas veces te quedas sin tiempo pero, al menos en lo que nosotros hacemos en La Cornisa, siempre tratamos de encontrar el espacio para la solución, a veces ínfimo y otras veces más desarrollado.

Por ejemplo, hace poquito hicimos un informe sobre desnutrición infantil, y mostramos en dos partes en qué consiste esta problemática en la Ciudad y en el Gran Buenos Aires y, después, al otro domingo, hicimos un informe donde te mostramos cuáles son las organizaciones de la Sociedad Civil que están trabajando para combatir la desnutrición: mostramos cómo el Banco de Alimentos dona comida a distintas fundaciones, cómo hay gente que sale de su trabajo formal y se va a ayudar al barrio o a la villa, no sólo a dar alimentos, sino también a formar a los chicos ayudándolos a hacer la tarea.

Después, un fin más profundo es que esa realidad cambie. Ahora, a lo largo del tiempo me di cuenta de que uno termina reflejando la realidad muchas más veces de las que puede cambiarla. El periodista pasa por los barrios y recibe un montón de denuncias, pero cuando vuelve dos años después las cosas están exactamente iguales. Y en algún momento te puede agarrar la tristeza y te preguntás “finalmente, ¿qué estoy haciendo?, ¿sirve para algo lo que hago?”.

Mi respuesta hoy en día es que, entre la opción de que no se visibilicen esas falencias sociales y que se hagan visibles, me quedo sí o sí con que se muestren. Prefiero mostrarlas antes que no mostrarlas. Uno no puede pretender cambiar la realidad, pero soy de los que piensan que, a través de la repetición de pequeñas notas que marcan alguna falencia (y, en principio, no me importa de qué gobierno sea la responsabilidad), al menos así alguien tomará conciencia y ayudará a esa gente.

  • ¿Qué criterios ético periodísticos observás a la hora de elaborar un informe televisivo sobre problemáticas de la infancia y adolescencia (situación de calle, abandono, drogadicción, desnutrición, “comer de la basura”…)?

Ya sea que estés trabajando con temáticas infantiles, adultas, políticas, sociales o económicas, tenés que respetar tus propios parámetros éticos que, en mi opinión, tienen que ver con respetar a la persona que tenés adelante, no querer avasallarla, escucharla profundamente y respetar lo que quiere decir.

Con respecto a lo que son específicamente las temáticas que afectan a los niños, me parece que hay que tener un extremo cuidado. Sostengo que el parámetro ético consiste en tratar de consultar a sus padres o tutores si realmente se puede hablar con ese nene. Y también entender que muchas veces es mejor hablar con el adulto y no con el niño. Porque uno se puede llegar a tentar: siempre ver hablar a un nene es lindo, pero en el fondo vos no sabés cuánta conciencia tiene de que lo estás entrevistando para todo el país.

Exponer a un nene siempre es algo difícil. Creo que también su opinión es valorable. Yo he hecho distintos tipos de notas, siempre cuidando algo que me parece fundamental que es que los menores de 18 años no tienen que mostrar la cara en televisión. Según el caso, está bueno escuchar a los chicos o no. Creo que ahí depende mucho del informe que estés haciendo. Yo hice un informe sobre trabajo infantil donde realmente me parecía interesante retratar en primera persona qué pensaban y qué hacían: se les resguardó la identidad y ellos contaban a qué lugares iban y qué tareas realizaban. Salieron cosas muy interesantes y aspectos muy lindos y fuertes con respecto a cómo terminaron en esa situación, si la familia los obligaba o no. Y esos datos los sacás lisa y llanamente hablando con los nenes.

Pero, reitero, depende del caso. Para contarte una anécdota, me tocó entrevistar a una chiquita de 12 años que se soltó mucho conmigo: me daba la mano, me abrazaba…Realmente sintió una conexión conmigo y empezamos a hablar de un montón de cosas y, en un momento, se aflojó y me confesó ante cámara que la mamá a veces le pegaba. Y obviamente lo decía de una manera que, si salía al aire, en términos de rating y repercusión iba a ser muy bueno. En eso uno tiene que ser consciente: una nena admitiendo “mi mamá me pega” era llamativo. Pero, sinceramente, yo tomé la decisión (y la producción la respetó) de no mostrar esa parte y hablar con las autoridades correspondientes para denunciar esa situación. Nuestro pensamiento fue: “si ponemos esto al aire y la mamá lo ve, la va a fajar”. Y te imaginás que lo que menos queríamos era que la nena sufriera por esa nota.

  • Cuando afirmás que “la televisión genera ruido e impacto, pero es poco profunda”, ¿qué estrategias sugerirías para profundizar el abordaje de las temáticas y problemáticas sociales que se presentan en TV?

El hecho de que la televisión no tenga tanta profundidad como otros medios como la gráfica o incluso la radio es básicamente una cuestión temporal: hay poco tiempo, siempre hay más información de la que te permite ese tiempo, y además está esta suerte de “cáncer” que es el rating minuto a minuto que te va indicando “esto está midiendo bien” y “esto está midiendo mal”. A causa del rating, muchas veces temáticas que están bárbaras y son muy interesantes terminan dilapidadas porque la gente se pasó al otro canal a ver cómo alguien baila. Son las reglas del juego.

Reitero que no hay reglas escritas ni fórmulas matemáticas; me parece que está en la inteligencia de uno tratar de generar espacios para poder hablar un poquito más de los temas sociales.

Más allá de esto, hay que ser consciente de las limitaciones del medio: la TV tiene mucho impacto pero no es tan profunda, y creo que siempre va a ser así. No obstante, con astucia e inteligencia se puede ir ganando espacios de profundidad.

Descargar entrevista completa a Nacho Girón


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